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Conocimiento contemporáneo sobre Dios, sobre la evolución y el significado de la vida humana.
Metodología del desarrollo espiritual.

 
Dios
 

Ecopsicología/Dios


Dios

Hemos examinado dónde hay que buscar a Dios. Hay que buscarlo no en el cielo físico, no arriba, sino en la profundidad del espacio multidimensional. Debemos empezar esta búsqueda no en las lejanías cósmicas, sino en el propio tórax, en el corazón espiritual, cuyo crecimiento comienza en el chakra anahata o dantian central.

También hemos dicho que la palabra Dios (con mayúscula) significa, en primer lugar, la Conciencia Primordial Que mora en el estrato originario, profundísimo y sutilísimo del espacio multidimensional. Esta Conciencia es una sola para el universo entero y, en consecuencia, para todos los seres vivos, incluyendo a las personas de nuestro planeta. El hecho de que para referirse a Dios se utilicen diferentes palabras de las numerosas lenguas humanas, no significa que en cada país sus habitantes tengan su propio Dios. El Sol y la Tierra también se denominan con diferentes palabras entre los pueblos; sin embargo, esto no significa que las personas de cada país tengan su propio Sol o que cada nación se encuentre en un planeta distinto.

No obstante, todavía no hemos examinado todos los aspectos de la definición de la palabra Dios. Por ejemplo, un lector puede preguntar: «¿Qué implica la fórmula “Dios es Todo” de la doctrina vedántica?», «¿Qué es la Trinidad cristiana?», «¿Qué es el Brahman?», «¿Existen los dioses-demiurgos planetarios?», «¿Cómo comprender la afirmación de que Jesús es Dios, así como Lo es Babaji y también Sathya Sai?», «¿Cómo combinar la tesis del Vedanta de que “el Brahman es el Absoluto”, es decir, Todo, con la afirmación de Krishna de que por encima del Brahman existe un nivel superior de la Conciencia Divina, llamada también Ishvara o Dios Padre?». Aclaremos todos estos interrogantes.

Lo primero que uno debe hacer es excluir de su cosmovisión a los fantásticos «dioses» paganos, sobre los cuales las personas fantasearon en todas partes de la Tierra antes de que el conocimiento acerca del Único Dios llegara a ellos. Había muchos cuentos de este tipo en Grecia, la Roma antigua, India, Rusia y entre los árabes. Dejemos que estos personajes sean objeto de estudio de los folkloristas y continuemos la conversación seria basándonos en la información recibida directamente de Dios y en la experiencia real obtenida de los estudios prácticos de la Verdad.

Entonces, ¿qué es el Absoluto? Esta palabra denota absolutamente Todo lo que existe en el universo. ¿Y qué es lo que existe en el universo multidimensional? Primeramente, el Creador Mismo. El componente material de la Creación y las conciencias de todos los niveles de desarrollo, salvo la del Creador, son solamente una pequeña parte del Absoluto. Es más, el Creador «impregna» toda Su Creación Consigo Mismo. Ésta se parece a un pastel multidimensional de varias hojas, compuesto de diferentes manifestaciones energéticas de los diferentes estratos-eones. En este «pastel», el primer estrato supera incomparablemente a los otros. ¡Y este «pastel» es Una Sola Totalidad!

«Hay sólo Todo, el Único, Íntegro y Multidimensional Todo», ésta no es solamente una de las meditaciones más altas y principales, sino también la verdad indudable que describe al Absoluto.

Pero nosotros, los humanos, ¿somos partes integrantes del Absoluto o no?

La respuesta es sí y no.

Por un lado, somos como unas células de sangre en el Cuerpo universal del Absoluto, muchísimo más pequeñas que Éste, incapaces de existir separadamente y completamente dependientes, aunque con una capacidad limitada de movimiento autónomo dentro de este Cuerpo.

Por otro lado, si examinamos todo esto desde el otro nivel, no desde el nivel del Macroorganismo, sino desde el nivel de las «células» de Su Cuerpo, entonces nosotros, como almas, estamos separados originalmente. Es más, poseemos un grado significativo de libre albedrío dado por Dios.

Se trata justamente de esto: nosotros, como almas, aparecemos en un estado de separación; sin embargo, debemos, desarrollándonos, llegar al estado de no separación, al estado de «no dualidad» con Dios en Su estrato-eon «básico».

Las afirmaciones de algunos pensadores de que somos idénticos al Creador originalmente y de que ni siquiera tenemos libre albedrío son simplemente unas buenas metas meditativas que nos llaman a la Unión con Él.

En realidad, justamente el libre albedrío es el mecanismo que facilita la «selección» natural de nosotros según el criterio ético, según el hecho de seguir o no las reglas para la vida dadas a nosotros por Dios y según el hecho de aspirar o no a la Unión con Él en el Amor. Dependiendo de estas decisiones se forman nuestros destinos.

Nuestro conocimiento filosófico-religioso y la intensidad de los esfuerzos para la autotransformación determinan, entre otras cosas, si nos trasladamos de un estrato a otro o no. Esto no depende de los actos, sino del estatus emocional de cada uno, es decir, del hábito de vivir en unos u otros estados emocionales, groseros o sutiles.

Así, si nos hemos acostumbrado a los estados «pesados» y groseros de maldad y de odio, estaremos, con seguridad, en el estrato diabólico entre seres semejantes.

En cambio, si hemos vivido en los estados sutiles y tiernos de amor, caeremos naturalmente en la armonía y pureza de la morada paradisíaca.

Si hemos llevado una vida «gris», sin albergar unos estados muy «pesados» de conciencia ni tampoco los muy sutiles, caeremos, después de la muerte del cuerpo, en los estratos «grises» del universo multidimensional.

Con todo, nuestra meta no debe ser llegar al paraíso, sino a la Morada de Dios Padre. Esto es lo que Él nos dice constantemente [10, 18].

Para establecerse allí, no es suficiente tan sólo tener la sutileza de la conciencia; se necesita también la Sabiduría. Ésta puede ser obtenida por varios medios: a través del aumento de la erudición general, a través del trabajo intelectual, a través del servicio a las personas en todo lo bueno y a través de la aspiración constante al conocimiento de Dios.

Continuemos examinando las preguntas planteadas anteriormente.

El Espíritu Santo es la totalidad de las Personas Divinas que emergen de la Morada del Creador. Su función es dirigir el perfeccionamiento de todas las almas que se encuentran todavía en un nivel más bajo del desarrollo. También es el Organizador de nuestros destinos y los administra directamente o con la ayuda de los numerosos espíritus que poseen unas u otras cualidades, tanto «paradisíacas» como «infernales».

Cuando experimentamos las olas de éxtasis, que llegan «no se sabe de dónde» en respuesta a nuestros pensamientos o actos correctos, es el Espíritu Santo Quien se manifiesta así. En estos casos, dicen que Él nos da Su Gracia. Las diversas técnicas meditativas permiten lograr un contacto extático, fácil y frecuente con Él.

Para aclarar el término «Brahman», tenemos que hablar un poco del Vedanta, un antiguo sistema filosófico de la India. También es importante porque el Avatar de nuestros días, Sathya Sai, dirigiéndose a los hindúes formados en la tradición del Vedanta, habla con ellos usando los términos de esta escuela filosófica.

El Vedanta se formó en la India a partir de la doctrina pagana de los cuatro Vedas antes de la venida de Krishna. En aquellos tiempos, los hindúes todavía no conocían sobre la existencia de Ishvara o Dios Padre. Por eso, en la filosofía del Vedanta, Brahman era considerado como la Divinidad Superior o incluso como el Absoluto.

Fue Krishna Quien habló a los hindúes sobre Dios Padre. Más tarde Dios explicó lo mismo al pueblo de Israel a través de los profetas judíos y a los futuros cristianos y musulmanes, a través de Jesús el Cristo y Mahoma. Sin embargo, en la India, así como en el ambiente cristiano, las masas no pudieron conservar aquel conocimiento, que era superior a su capacidad de percepción, y Dios Padre fue casi olvidado y desplazado por los antiguos personajes fantásticos en la India o por los personajes, divinizados por la imaginación humana, en las sectas más grandes del cristianismo (ver más detalles en [6]).

De las preguntas enumeradas al principio de este capitulo nos queda examinar sólo una: ¿qué es la «Trinidad»?

Existe Dios Padre, la Conciencia Primordial Universal Suprema Que reside en el estrato sutilísimo del espacio multidimensional, estrato que se encuentra «detrás del espejo», respecto al conglomerado entero multidimensional de la Creación. Él es la Meta Más Alta de todas las personas.

El Espíritu Santo es Su Manifestación principal, Su Representante y el Organizador-Coordinador activo de la vida en cualquier planeta habitado.

Además, a veces Dios Padre se manifiesta encarnándose en cuerpos humanos. Estas Partículas del Creador que se encarnan son personas que habían logrado la Unión con Él anteriormente. A Ellos se les llama, en las diferentes lenguas, Mesías, Cristo o Avatar.

En otras palabras, la «Trinidad» es el Creador, el Espíritu Santo y el Cristo o, en términos del Bhagavad-Gita, Ishvara, Brahman y Avatar.

El término «Hijo» no es acertado en este contexto, como Jesús Mismo nos explica [35]. Porque cada persona debe aprender a experimentar a Dios como su Padre-Madre y a uno mismo como Su hijo o hija.

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