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Conocimiento contemporáneo sobre Dios, sobre la evolución y el significado de la vida humana.
Metodología del desarrollo espiritual.

 
Amor
 

Ecopsicología/Amor


Amor

El Amor es la cualidad principal de Dios. Para unirse con Él (o, por lo menos, para evitar el infierno), debemos aprender a experimentar las emociones de amor y realizar actos de amor rechazando todos los estados y actos opuestos, independientemente de las circunstancias.

El Amor es lo más importante que Dios quiere de nosotros y es la única manera de conocerlo y de unirse con Él.

El Amor incluye varios estados emocionales o, en otras palabras, estados de la energía de la conciencia. Y conciencias (o almas) es lo que realmente somos.

Cada vez que dejamos de mantener el estado de amor, nos alejamos de Dios. «Cada salida del estado de amor produce acumulación del karma negativo», así me lo dijo Dios una vez [9].

Las personas culpan por sus desgracias y enfermedades a quienquiera que sea, menos a ellas mismas. Sin embargo, los culpables somos nosotros mismos.

Es muy importante entender que el estado firme y estable del amor puede ser logrado sólo mediante las técnicas de autorregulación psíquica, que incluyen el trabajo con los chakras, entre los cuales el anahata es el principal. (Más adelante examinaremos estas técnicas).

Antiguamente en el cristianismo fue elaborada una técnica para la «apertura» del corazón espiritual, denominada «Oración de Jesús» o «Plegaria a Jesús». Los practicantes tenían que repetir continuamente una oración, lo que resultaba, después de años de práctica y sólo para algunos de ellos, en que esta oración «penetraba» en el corazón espiritual y el practicante conocía lo que es en realidad el amor y su vida entera se transformaba [37].

Hace tiempo Dios, viendo mi pasión sincera por Él y mi deseo de ayudar a las personas, me ayudó a crear un sistema de métodos, maravilloso por su efectividad, para «abrir» y desarrollar el corazón espiritual. Estas técnicas fueron parcialmente descritas en algunos de mis libros e impartidas ampliamente en Rusia y en otros países.

No obstante, cabe mencionar que entre los miles de estudiantes solamente algunos pudieron llegar al conocimiento verdadero y total de Dios. ¿Y por qué el resto no pudo? Porque no eran capaces de comprender cabalmente los puntos de la fórmula de Babaji.

Por ejemplo, la mayoría de los practicantes no tenían un anhelo de conocer a Dios tal que les permitiera apartar su atención de los objetos del mundo material y dirigirla hacia Él. Otros cedían ante las amenazas de los sectarios.

Las psicotécnicas en sí no pueden garantizar que una persona conozca a Dios. Éstas solamente sirven como medios auxiliares indispensables. Un requisito previo para progresar en el Camino espiritual es la facultad del practicante de abarcar con su intelecto desarrollado la Verdad en toda su plenitud y formar la aspiración inquebrantable a la Meta principal o, en otras palabras, el enamoramiento del Creador.

En el Camino espiritual, una persona debe desarrollarse necesariamente de una manera integral, lo que incluye el desarrollo intelectual, ético y luego psicoenergético.

Uno no puede adquirir el amor cabal sólo mediante los ejercicios con el anahata, sino que debe llenar de amor su vida entera, todos sus aspectos.

Este amor debe manifestarse en:

— el mantener inalterablemente el estado anahatico,

— la actitud respetuosa y de mucho tacto hacia cada persona conocida y desconocida,

— la facultad de perdonar, olvidar fácilmente ofensas y no vengarse,

— la conducta que excluye la posibilidad de ofender o afligir a alguien inmerecidamente.

El amor debe contener la abnegación, la voluntad de ayudar a los demás aun en detrimento de uno mismo. Los intereses de otras personas —dignas de esto— deben tener prioridad sobre los intereses propios.

El amor debe ser dirigido no sólo a Dios y a las personas, sino también a los animales y a las plantas. Nadie puede pensar que tiene amor desarrollado si es capaz, sin necesidad, de matar o de mutilar plantas o se permite comer los cuerpos de los animales para satisfacer su gula.

El amor debe ser impecable en las relaciones con los niños. ¡Que se manifieste, en particular, en la incapacidad de irritarse! ¡Sin embargo, cuando uno debe acostumbrarles a la probidad y a la disciplina, lo puede hacer con exigencia para el bien de los mismos niños!

Cada uno debe analizar cómo se comporta y cómo es su amor en el ámbito de la sexualidad, porque es allí donde se manifiestan muy vivamente varios defectos humanos.

Cualquier forma de violencia o de coacción en el sexo —aun con palabras o en pensamientos— es uno de los ejemplos de las cualidades que son opuestas al amor.

Otro ejemplo de la falta de amor es la situación en la que el varón no se preocupa por evitar el embarazo no deseado de su pareja.

La pasividad de la mujer durante la unión sexual, cuando ella no anhela regalar su amor, sino que solamente espera de manera egoísta la propia satisfacción y luego, además, se ofende porque él «no lo hizo como lo debería haber hecho», es otro ejemplo común de la falta de amor. (Cabe mencionar que todas las personas son diferentes en su sexualidad y un nuevo compañero nunca sabe de antemano cómo satisfacer de mejor manera a su pareja).

La verdadera sexualidad es el arte de dar el propio amor a otra persona a través de la comunicación sexual. Y siempre y cuando haya amor sincero de parte de ambos, habrá armonía.

Estoy seguro de que a muchas mujeres les podría ayudar el maravilloso libro de Barbara Keesling, Sanación Sexual (Sexual Healing), libro que promueve la práctica en la cual la mujer da su amor sexual como un regalo. No obstante, no puedo recomendar todo lo que está escrito en este libro. Por ejemplo, el sexo oral aumenta bruscamente la posibilidad de la difusión de infecciones. Tampoco puedo recomendar a una persona que va por el Camino espiritual tener uniones sexuales con varios compañeros, porque durante cada unión sexual sucede un intercambio energético intenso, lo que puede afectar gravemente a la persona con el sistema energético más sutil, contagiándola con la grosería y contaminaciones energéticas, así como con las enfermedades del otro compañero.

Cada uno forma su destino usando el libre albedrío dado a nosotros por Dios. Algunos desarrollan el amor abnegado ayudando a los demás. Otros cultivan el egoísmo caprichoso, el odio, la grosería y la crueldad. Los primeros, aguantando y perdonando, evitando los conflictos y la enemistad y manteniendo de esta manera el amor y el anhelo de alcanzar al Creador, llegan finalmente a Él. Los segundos se convierten en los «desechos de la Evolución». A los primeros, con justa razón, podemos llamarlos cristianos. ¿Y cómo podemos llamar a los segundos, a pesar de que ellos van a las iglesias y templos?

Nuestra sexualidad no está diseñada por Dios sólo como un medio para la reproducción, sino también como un medio para el perfeccionamiento espiritual. Es así porque puede contribuir al desarrollo de diversos aspectos del amor, tales como la ternura, la atención, la solicitud, la abnegación y la facultad de unir las conciencias. Esto nos prepara para la Unión con la Conciencia de nuestro Creador, el Amado Supremo. El amor sexual puede estimular directamente el desarrollo del corazón espiritual. También nos enseña (si todo va bien) a experimentar la tranquilidad, que es la cualidad de Dios indispensable en el Camino hacia la Perfección.

Sin embargo, lo que hemos dicho es verdad sólo para la sexualidad sáttvica (pura, armoniosa) de las personas que están avanzando realmente en el Camino espiritual. En este caso, esta sexualidad acelerará considerablemente su progreso.

En cambio, la sexualidad de las personas groseras y egoístas, que no tienen corazones espirituales desarrollados, puede ser asquerosa y puede hacerlas entrar aún más profundamente en el infierno.

El «cristianismo» degenerado, aquel que perdió el amor, ha sido y es una desgracia para la evolución espiritual de muchas personas. Éste, entre otras cosas, anatematizó el amor sexual, declaró que la renuncia a este amor es una «hazaña cristiana», profanó todas las concepciones, habiéndolas llamado «maculadas», a distinción de la supuestamente «inmaculada» (es decir, sin la participación del varón) concepción de la madre de Jesús el Cristo. El mismo cuerpo humano, especialmente el femenino, fue declarado obsceno e ignominioso, y las personas «decentes», en otros tiempos, sentían vergüenza incluso al pronunciar la palabra «piernas». Es más, las palabras relacionadas con el ámbito sexual fueron declaradas «obscenas» y se convirtieron en palabrotas, en un medio para insultar a otras personas. De esta manera se formó y sigue existiendo en Rusia el lenguaje de la guna tamas llamado mat.

¿Y cómo podía formarse una actitud correcta hacia la sexualidad en el ambiente de personas que la consideraban un «vicio» detestable y la odiaban en ellas mismas y especialmente en los demás? Pero sin esta actitud correcta, es difícil esperar que uno refine la conciencia, desarrolle el amor y se acerque a Dios.

¡Las personas empezaron a tener miedo de aquello que les podía ayudar a transformarse!

Muchos varones, incluso, comenzaron a odiar a las mujeres exactamente por aquello que les podía ayudar. Pues una mujer —en general— es mucho más sutil que un varón (esto es determinado también por su estatus hormonal). Y ella —según esta cualidad— está más cercana a Dios.

Lo mismo enseñó Jesús el Cristo al dirigirse a los varones:

«Respétenla, protéjanla! ¡Actuando así, obtendrán su amor (…) y serán agradables para Dios! (…)

»¡Amen a sus esposas y respétenlas (…)!

»¡Sean indulgentes con la mujer! ¡Su amor ennoblece al varón, ablanda su corazón endurecido, doma a la fiera y la convierte en un cordero!

»¡La esposa y la madre son tesoros inapreciables dados a ustedes por Dios! ¡Ellas son los ornamentos más hermosos de la existencia, y de ellas nace todo lo que habita en el mundo!

»¡Por eso Yo les digo que después de Dios sus mejores pensamientos deben pertenecer a las mujeres! ¡La mujer para ustedes es un templo divino donde obtendrán fácilmente el éxtasis completo! ¡Obtengan en este templo la fuerza espiritual! ¡Allí ustedes se olvidarán de sus dolores y fracasos y recuperarán las fuerzas perdidas necesarias para ayudar a su prójimo!

»¡No la expongan a la humillación! ¡Actuando así, se humillarán a ustedes mismos y perderán el sentimiento de amor sin el cual nada existe aquí en la Tierra!

»¡Protejan a su esposa, y ella los protegerá a ustedes y a toda su familia! ¡Todo lo que ustedes hagan a su esposa, a su madre, a una viuda o a otra mujer en aflicción, lo estarán haciendo a Dios!» (La Vida de San Issa, 12:13-21).

Sin embargo, el pseudocristianismo (y no sólo éste) declaró que la mujer es «la fuente del pecado» y prescribió ocultar su cuerpo por todos los medios. En Rusia, durante siglos, las mujeres fueron obligadas a bañarse en unos vestidos especiales hasta los talones e incluso a dormir con ropa. Les decían: «¡Morirás durmiendo y te presentarás desnuda ante el Señor! ¡Qué vergüenza será!».

¡Otro ejemplo de abominación semejante es cuando a algunos niños —almas encarnadas por Dios para su desarrollo en la Tierra— los declaran «bastardos» e infaman la maternidad de aquellas mujeres a quienes Dios ha encomendado estas almas para su educación!

Hay que comprender que las personas de la guna tamas, personas que viven viciosamente, ven alrededor sólo el vicio y, además, poseen la agresividad primitiva, son las que toman las riendas de los movimientos religiosos, inicialmente sagrados, y los dirigen poco a poco hacia la dirección opuesta, tergiversando completamente la doctrina de Dios.

¡Y lo mismo sucede en el ámbito sexual! Siendo personas infernales, poseídas por la pasión por la violencia, profanación y satisfacción de su lujuria egoísta, ¡ellas no pueden imaginar que para otras personas, personas sáttvicas, la sexualidad no es lujuria, sino un medio para compartir su amor y que esto también puede ser su servicio a Dios!

* * *

Sin embargo, tampoco es bueno apasionarse mucho por el sexo. El término «adulterio» tiene importancia no sólo para las personas, sino también para Dios. Éste significa:

— la superabundancia de contactos sexuales

— o el sexo con un compañero inadecuado (es decir, con una persona cuyo nivel de avance espiritual es muy diferente).

La amenaza de las enfermedades de transmisión sexual es el mecanismo que Dios usa para frenar las tendencias a las distracciones sexuales en las personas.

La verdad consiste en que debemos intentar dirigir casi toda nuestra atención a la búsqueda de Dios, sin apasionarnos mucho por algo más. (El sexo excesivo es solamente una de estas distracciones).

Tanto en el sexo como en otras cosas, cada uno debe encontrar un «término medio», un equilibrio entre dos extremos.

* * *

Es imposible refinar la conciencia y alcanzar sattva —una etapa necesaria en el Camino hacia el conocimiento del Espíritu Santo y de Dios Padre— sin abarcar el concepto de la BELLEZA.

«¡La Belleza! ¡El Cosmos basa la Evolución en esta fórmula!», así nos enseña Dios a través de Helena Roerich [25,34].

La belleza espiritual existe en las gunas* rajas y sattva.

Rajas implica, entre otras cosas, la energía, la determinación y la belleza de la hazaña. Es un guerrero espiritual con una intención inflexible.

Podemos encontrar el aspecto de rajas en varios estados de la naturaleza y también en el baile, en la música y en la pintura, por ejemplo, en los dibujos de Nicolás Roerich.

Sattva es la pureza y la belleza espiritual sutil, saturada del amor tierno. Es una etapa que el buscador espiritual debe cubrir antes de conocer al Espíritu Santo y al Creador.

En la naturaleza, podemos ver el estado de sattva en la luz pura del sol naciente, en los cantos primaverales de los pájaros, en el silencio fascinante de una noche tranquila…

La belleza sáttvica de un cuerpo humano armónico es también la belleza espiritual, belleza que puede ayudar a muchas personas a experimentar la ternura, la caricia, el silencio y la tranquilidad, cualidades y estados que les hacen falta a muchos.

* * *

Última observación sobre el tema del amor.

Una vez viajé durante mucho tiempo en un tren desarrollando mi humildad y estudiando la situación de mis vecinos. Ellos eran una madre muy grosera, con un cuerpo muy gordo, y su hijo, cadete de la escuela militar y futuro oficial, de 15 años de edad aproximadamente.

A lo largo de todo ese viaje que duró muchas horas, la madre gritó constantemente, y era posible escuchar estos gritos en todo el coche del tren. ¿Qué es lo que estaba gritando? Estaba, simplemente, hablando de esta manera con su hijo, expresándole todo lo que llegaba a su mente, todos sus pensamientos. Por ejemplo, «¡Hijito, voy a botar a la basura el resto de la manzana! ¿Por qué no contestas cuando tu madre se dirige a ti?». Y su «hijito», agotado, con una cara entorpecida, sólo podía menear la cabeza débilmente, mirando por la ventana.

¿Cómo podemos caracterizar la conducta de esta «mamita» que amaba sinceramente a su hijo?

¿Violenta? Sí. ¿Carente de tacto? Sí. Podemos también nombrar otras cualidades suyas. Pero lo más importante es la ausencia de tranquilidad en su amor.

La facultad de experimentar profunda tranquilidad interior, especialmente cuando no hay necesidad de actuar enérgicamente, es muy importante y valiosa. Es un prerrequisito para el amor verdadero.

Los intentos de amar sin tranquilidad se convierten a menudo en situaciones caricaturescas, como aquella mostrada en el ejemplo anterior. Tal «amor» sólo puede mutilar a sus víctimas y provocar en ellos el deseo intenso de huir, si es que hay adonde.

El estado de Dios Padre en Su Morada puede ser descrito como Tranquilidad Tierna. Así que aprendamos esto de Él preparándonos para la Unión con Él.

Cabe mencionar también que la tranquilidad no es opuesta a la energía (o vigor) saludable, sino que se combina armónicamente. ¡Reflexionemos en esto y apliquémoslo a nosotros mismos!

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