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Conocimiento contemporáneo sobre Dios, la evolución y el significado de la vida humana.
Metodología del desarrollo espiritual.

 
Destino y su corrección
 

Ecopsicología/Destino y su corrección


Destino y su corrección

Nosotros, viviendo en nuestros cuerpos materiales, a menudo pensamos que podemos quedarnos «absolutamente solos», que podemos tener secretos de los cuales «nadie nunca se enterará». Éstas son sólo nuestras ilusiones ingenuas que aparecen porque, naturalmente, desde nuestros cuerpos materiales vemos los cuerpos de otras personas de las cuales, de hecho, podemos ocultar algo.

Pero, en realidad, estamos completamente descubiertos ante Dios y ante muchos espíritus. Ellos no sólo observan constantemente nuestra conducta, no sólo escuchan nuestras conversaciones y ven nuestras emociones, sino que también incluso perciben nuestros pensamientos.

No puede haber ninguna situación en la cual podamos ser absolutamente invisibles. Aun cuando, después de «escondernos» en un lugar solitario, hacemos el sexo en una u otra variante, también nos observan. En un desierto, en un bosque, en un islote en medio del océano, durante el día y la noche, en el calor y en el frío, estamos absolutamente descubiertos ante Dios y ante muchos seres no encarnados. Incluso cuando estamos sentados en el baño, habiéndonos encerrado, estamos a la vista de ellos, desde todos los lados, desde abajo y aun desde adentro. Ni ropa ni otros obstáculos o envolturas son un impedimento.

Comprendiendo todo esto, podemos practicar una meditación muy beneficiosa: «Estoy en la Palma de la Mano de Dios». Si nos experimentamos constantemente ante Su Vista, esto nos puede ayudar a limpiarnos de muchas cosas superfluas.

Dios y los espíritus son capaces de influir, de uno u otro modo, sobre nosotros; incluso son capaces de cambiar fácilmente nuestras emociones, especialmente si no sabemos controlarlas.

Por ejemplo, pueden hacer que nos enamoremos de alguien o que, por el contrario, perdamos el amor inesperadamente.

O, caminando, de repente «queremos» pararnos e ir a la izquierda o a la derecha o ir más rápido y allí…

O nos pueden enviar algún pensamiento específico, pero no nos damos cuenta de eso y lo tomamos por nuestro.

O, influyendo sobre ciertos centros del cerebro, nos pueden hacer resbalar, caer, lastimarnos o errar el blanco al disparar.

Y si un delincuente me atacó y me hizo esto o lo otro no es porque, simplemente, es una persona primitiva cruel y maligna que aspira al infierno, sino porque Dios lo dirigió hacia mí en esa situación.

Cuanto más primitivo es el intelecto de una persona, más fácil es controlarla. Porque ella no tiene sus propias convicciones éticas y no se opone a tal influencia.

Es aún más fácil para Dios controlar a los animales. Por eso, si un perro me mordió, esto pasó no solamente por la voluntad del perro.

Dios y los espíritus controlan a las personas y los animales. Pero también pueden influir sobre los objetos inanimados. Así, de ser necesario, una bala puede ser desviada; un fuego, apagado; una explosión, detenida… O, al revés, el fuego, el agua o cualquier otra cosa pueden aparecer en un lugar inesperado y en un tiempo imprevisto. Las confirmaciones de esto son los fenómenos de poltergeist y los milagros que obran los Mesías, y no solamente en torno a Sus cuerpos, sino también a cualquier distancia. Actualmente, Sathya Sai [10,14,42,58,64] y David Copperfield [9] nos muestran esto.

Después de comprender que Dios está por todas partes y que es omnipotente, debemos aceptar que ninguna fuerza exterior es capaz de causarnos daño sin Su Voluntad para esto. (Todos los espíritus también son controlados por Él). Y si algo desagradable pasó conmigo, debo buscar la causa en mí mismo: en mi destino o en mis errores del pasado cercano o lejano.

¡Ya hemos hablado de que Dios no hizo Su Creación para los humanos, sino para Sí Mismo! Nosotros, los humanos, no somos capaces de existir sin Él y, objetivamente, no estamos separados de Dios. Por el contrario, estamos en Él, y nuestra separación es solamente una ilusión necia que provoca todas nuestras desgracias.

Estamos bajo Su dominio. Él nos pastorea como Su rebaño enviándonos una y otra vez a crecer y a madurar en los «pastos» de la Tierra. Aquí, en la interacción con los semejantes y con diversos objetos, obtenemos y fortalecemos unas u otras cualidades, buenas o malas.

Debemos aprender a ver, a escuchar, a obedecer y a amar a nuestro Pastor. Algunos lo aprenden con alegría. Otros, por el contrario, tratan de esconderse de Él o pretenden que Él no existe, ¡pero «existo yo, tan grande, fuerte y bello»!

A los humildes, bondadosos, afectuosos e inteligentes Él los educa con ternura, los acerca rápidamente y los deja entrar en Él.

Los demás siguen encarnándose en nuevos cuerpos una y otra vez, viviendo entre las encarnaciones con almas semejantes durante largo tiempo, en aquellos estados de la conciencia a los cuales se acostumbraron durante sus vidas en la Tierra.

Dios sigue ocupándose de nosotros hasta «el fin del mundo», haciendo, por medio de Sus Mesías y profetas y por medio de los libros sagrados, que nos acordemos de Él. También nos muestra cómo pueden ser las personas: malas, mentirosas, infames, apasionadas por las cosas ajenas, etc. Lo muestra dejando que los delincuentes y los animales feroces nos ataquen. A través de esto, Él quiere explicarnos qué significa sentir el dolor, el miedo, el enojo de otra persona, qué significa ser robado, para que aprendamos a no hacerlo a los demás.

La gente lo llama «la ley del karma», ley de las relaciones de causa y efecto en nuestros destinos. Según este principio, Dios nos «golpeará» hasta que nos limpiemos de las cualidades negativas, hasta que lleguemos a ser como Él quiere que seamos: tiernos, atentos, altruistas, absolutamente honestos, sin fatuidad ni altivez, incapaces de experimentar cólera o ejercer violencia (ésta última es permitida sólo cuando debemos proteger a personas de bien de la violencia injusta).

Dios es Amor. Y para unirse con Él o, por lo menos, acercarnos a Él, debemos también convertirnos en Amor.

Pero ¿qué es el amor? Pocas personas entienden el significado de esta palabra.

El amor consiste, ante todo, en ciertos estados emocionales. Entre éstos, el principal y el más precioso es la ternura sutil, saturada de TRANQUILIDAD. Además, son valiosos los estados tales como la atención (solicitud), la bienquerencia, la consideración, el respeto, la gratitud, etc.

Las emociones no son los pensamientos, ni las expresiones faciales, ni las reacciones de conducta, ni los procesos eléctricos en el cerebro. Las emociones ni siquiera se forman en la cabeza, como creen los fisiólogos materialistas, sino en el tórax, en el cuello y en el abdomen, en órganos emociogénicos especiales llamados chakras y meridianos.

Las variantes mencionadas de las emociones de amor se producen en el chakra anahata localizado en el tórax. Sólo aquellas personas que tienen este chakra desarrollado y en buen funcionamiento conocen dichas emociones. Para los demás palabras tales como la ternura, la bienquerencia, etc., son, simplemente, palabras que no tienen ningún contenido específico detrás. Y si una persona vive sin amor «cordial», significa que vive «lejos» de Dios y que no tiene todavía ninguna posibilidad ni para progresar espiritualmente, ni para conocer a Dios y Su amor, ni aun para llegar al paraíso.

El AMOR y la TRANQUILIDAD son dos estados que nos dan, si vivimos en éstos, la posibilidad de perfeccionarnos espiritualmente de una manera rápida y de acercarnos a Dios.

El enojo en todas sus formas (odio, furia, irritación, reprobación, celos, insatisfacción, etc.) y el miedo son estados que nos llevan en la dirección opuesta a Dios, al infierno.

Estos dos pares de estados son antagónicos e incompatibles.

Es fácil aprender a sentir el enojo y el miedo. Prácticamente todas las personas pueden experimentarlos. Pero ¿queremos encontrarnos allí? ¿Cómo resistir al mal que nos arrastra al infierno? ¿Odiando a los «organizadores de todo esto»? ¡Sería la decisión más simple y necia! Justamente esta decisión nos garantizaría el karma negativo en ésta y en las siguientes vidas terrenales y el infierno entre las encarnaciones.

Las condiciones actuales que tenemos en la vida son también el karma de cada uno de nosotros, merecido por las vidas pasadas no espirituales. ¿Queremos que estas condiciones empeoren en el futuro?

El AMOR y la TRANQUILIDAD, unidos sea cual sea la situación exterior, son los que nos pueden guiar al destino favorable, al paraíso, a Dios.

Pero ¿cómo podemos aprender a experimentar el AMOR y la TRANQUILIDAD?

El primer método, propuesto por Dios desde hace mucho, es el amor sexual armonioso, amor sin pasión, sin lujuria sexual (deseo egoísta), sin celos, basado en el respeto mutuo, en la armonía recíproca, en el entregarse el uno al otro, en las acciones para el compañero o la compañera, y no para uno mismo.

El segundo método es la educación armoniosa y feliz de los niños.

El tercer método es la comunicación con la belleza de la naturaleza.

El cuarto es el arte espiritual, aquel que contribuye, primero que nada, al desarrollo del AMOR y de la TRANQUILIDAD en nosotros.

El quinto es asistir a las reuniones espirituales durante las cuales se organizan, entre otras cosas, meditaciones colectivas armoniosas, dirigidas al desarrollo del Amor.

Además, existen los métodos esotéricos especiales del trabajo sobre uno mismo. Al practicarlos, hay que poner énfasis en el desarrollo del corazón espiritual, el órgano principal del amor emocional. Luego uno debe aprender las técnicas para la refinación de la conciencia y para el conocimiento del Espíritu Santo y de Dios Padre.

Nosotros —como conciencias o almas— a lo largo de nuestra evolución personal, hemos formado algunas propiedades individuales que se denominan «rasgos de carácter» y que pueden ser buenos o malos.

Los malos son, por ejemplo, la iracundia, la agresividad, la violencia, la mordacidad, la soberbia, la avidez, el egoísmo, la pesadez, la falsedad, la grosería y la falta de tacto. También uno puede tener rasgos defectuosos no tan graves, pero aun así desagradables para los demás; por ejemplo, la costumbre de comerse las uñas, «temblar con las rodillas» sentado en una mesa, «sorberse los mocos», usar palabras rudas o, simplemente, hablar demasiado o en voz alta…

La ausencia de una u otra cualidad positiva también puede ser considerada como un defecto; por ejemplo, la ausencia de la tranquilidad interior o de la facultad de amar sincera y tiernamente, la ausencia de la fidelidad o de la confianza en las relaciones con otras personas, la ausencia de la fe en la existencia de Dios o del anhelo de alcanzar la Perfección espiritual, la ausencia de la disposición para ayudar a los demás en todo lo bueno.

¿Cómo luchar contra los defectos o cualidades negativas? En diferentes situaciones podemos dar diferentes recomendaciones. Así, a veces basta simplemente con llegar a saber que unos u otros actos míos son incorrectos y la costumbre de realizarlos desaparece enseguida. Por ejemplo, el autor de este libro dejó inmediatamente de fumar, tomar alcohol y comer cuerpos de animales muertos al llegar a saber sobre la existencia de Dios, sobre el significado de la vida y sobre el hecho de que la nutrición con los cadáveres no es una necesidad para nosotros, sino un antojo cruel de nuestra gula.

En otras palabras, algunas cualidades negativas que uno posee se deben a la ignorancia y se van en cuanto la luz del conocimiento llega.

Pero también existen rasgos defectuosos del carácter que no pueden ser eliminados prontamente; por ejemplo, el hábito de mentir o de permanecer en un estado irritado o iracundo, la pesadez, la arrogancia, el egoísmo, la cobardía, etc. Para vencerlos, se requiere un trabajo intelectual que permita darse cuenta de estos rasgos y elaborar nuevos patrones correctos de razonamiento, de reacciones emocionales y de conducta. La literatura espiritual seria, algunas técnicas esotéricas (por ejemplo, la regulación del sistema de los chakras) y el arrepentimiento serán de gran ayuda en este trabajo.

Pero ¿qué es el arrepentimiento, cuál es su significado y cuál es su mecanismo?

El arrepentimiento existe en algunas corrientes religiosas degradadas; sin embargo, ya no es eficaz y no da ningún resultado positivo. La razón consiste en que estas corrientes perdieron el concepto correcto sobre las relaciones entre el ser humano y Dios. Allí Dios es representado como un juez horroroso que, con algún fin, selecciona a las personas según si tienen o no pecados «no confesados» y luego las envía, basándose en esto, a vivir eternamente en el paraíso o en el infierno. Algunas personas creen que para salvarse de lo último, es indispensable «arrepentirse», lo cual consiste, según ellas, en informar celosamente al «pastor» de su secta sobre sus pecados cometidos para que él los «absuelva» y las salve así del infierno. Es decir, pecar está permitido. Pues todos pecan. Si no vas a pecar, puedes enorgullecerte de tu impecabilidad. Y esto será el pecado más terrible. Por eso puedes pecar. Lo que no puedes hacer es faltar en la confesión.

Una persona razonable entiende que esta «fórmula del arrepentimiento» no es nada más que un medio para intimidar al rebaño, para que vayan a la iglesia y paguen allí las donaciones «voluntarias» que mantienen a estos mismos «pastores».

En el contexto de este libro nos debe interesar ¿qué fue lo que permitió formular teóricamente este absurdo esquema del arrepentimiento? El asunto es que en los conceptos de semejantes sectas «cristianas» está ausente el conocimiento de que Dios Padre espera que lleguemos a Él siendo perfectos, Divinos.

Por lo tanto, el significado del arrepentimiento no consiste en «informar» a alguien sobre los propios pecados para evitar así el infierno, sino en liberarse por completo de las cualidades negativas o propiedades defectuosas del alma para llegar a ser el Amor puro, como lo es Dios, y luego, después de obtener la Sabiduría y el Poder, unirse con Él para siempre convirtiéndose en Parte Suya.

¡En otras palabras, debemos prepararnos para Él como un regalo digno, como una Ofrenda Sagrada de nuestro amor, Ofrenda que debe ser Divinamente pura!

¡Ahora nos debe quedar claro que si seguimos causando daño a otros seres y viviendo en la rudeza emocional, no nos salvamos del infierno, ni nos acercamos al paraíso ni al Creador por más que «informemos» y pidamos perdón por nuestros pecados!

El mecanismo fundamental del arrepentimiento es el remordimiento sincero por los errores cometidos. Todo daño egoísta, causado a cualquier ser viviente por nuestra negligencia o por el mal carácter constituye el grupo principal de nuestros pecados. Este daño puede ser hecho con actos o palabras, o incluso con emociones negativas. Es más, cada vez que salimos del estado de amor, no sólo nos alejamos de Dios, sino que también contaminamos con nuestras emociones destructivas el espacio dentro del Absoluto. Y Dios nos indica que estos estados son pecados y llevan a la acumulación de karma negativo.

Podemos imaginar que nuestros pecados son como cuentas de collar ensartadas en los hilos de nuestras cualidades negativas. Tratando de deshacernos de cierta cualidad, debemos intentar recordar todas las situaciones que sucedieron debido a ésta, sentir profundamente el dolor que hemos causado al otro ser y, arrepintiéndonos, repasar mentalmente cada una de estas situaciones, pero esta vez actuar allí de una manera correcta. Es así como podemos destruir nuestros patrones de conducta equivocados y preparar patrones correctos para tomar decisiones éticamente impecables la próxima vez.

* * *

«La Verdad (la comprensión correcta de lo que es Dios, el ser humano y la Evolución) — la Sencillez — el Amor — el Karma yoga (el servicio a Dios que se manifiesta en el servicio a las personas en todo lo bueno) — la Eliminación del propio “yo” inferior a causa de unirse con el “Yo” Superior de Dios» es el esquema del trabajo espiritual propuesto por el Avatar Babaji. Transformándonos como Dios lo quiere, cambiamos nuestros destinos llenándolos de oportunidades cada vez mejores para el crecimiento espiritual, haciendo que nuestras vidas sean cada vez más felices y acercándonos a la Meta Final de la evolución individual, al Éxtasis de la Unión con Dios Padre.

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